¿Te ha tocado dar vueltas por ahí como una peonza? ¿Tienes más especialidades acreditadas de las que puedes recordar? ¿Conoces pueblos y ciudades de CyL? ¿Tu coche tiene más de 150.000 kilómetros? ¿Te jode que echen sal en las carreteras cuando no nieva ni va a nevar? ¿Tiras con media jornada y te han puesto un horario de mierda? Pues a lo mejor te interesa leer esto. Bueno, o no, pero da igual, yo lo pongo de todas formas.
Creo que no se deben ver
películas de Aki Kaurismäki cuando uno tiene, de antemano, un nudo
en el estómago. Da igual que sean comedias, o que quieran ser
comedias, o que terminen bien, o mal. A mí me pasa que me quedo un
poco jodido para el resto del día. Ya he hablado de mi gusto por Aki
en otro momento y no quiero repetirme; tampoco quiero contar la
película porque luego me siento como que he subrayado un libro y
puede que si alguien la ve se sienta influenciado por mis
impresiones. Simplemente la he vuelto a ver y me ha gustado más que
la anterior vez, y creo que no es sólo por la película, sino por
mí. Creo fundamentalmente que es porque la he visto con una grata
compañía, aunque ella no lo sepa y estemos a 264 kilómetros de
distancia, (o 2 horas 43 minutos, o a 28,20 euros en el Alvia). La
hemos visto juntos, en mi opinión. Ni estoy loco ni borracho, y como
a alguien se le ocurra censurarme por fantasear sobre cosas bonitas
en estos tiempos de mierda pues se le sueltan dos buenas hostias y
arreglao. Si ya no puedo ni imaginarme las cosas como a mí me
apetece, pues para qué carajo escribo en este blog que ya hace mucho
que perdió el hilo de los interinos para meterse en otros
berenjenales.
Que en las películas de
Aki se fuma mucho ya es conocido. Igual que se bebe mucho. Igual que
prácticamente no se sonríe. Que las escenas en ocasiones toman algo
de los cuadros de Hopper me lo invento yo porque me lo parece, que el
acordeón puede ser el instrumento más melancólico y que las
miradas de Kati Outinen lo dicen todo me parecen hoy verdades
universales. Con eso basta. Como decía, no voy a contar la película,
ni voy a preguntar a nadie si la ha visto, pero hay varias líneas de
diálogo que hoy me han hecho pensar, que me han hecho reír y que me
han hecho llorar. Podrían ser otras pero son éstas. Son mis 8
escenas para Aki. A él se las dedico: guionista, productor y
director. Bueno, qué coño, y no sólo para Aki.
ESCENA 1
-Gracias
-Así que puede hablar
-Efectivamente. No he
tenido nada que decir hasta ahora.
ESCENA 2
-¿Qué te debo?
-Si me ves boca abajo en
el canal, dame la vuelta.
ESCENA 3
-¡Cuidado!
-¿Qué?
-Tienes algo en el ojo.
-Yo no siento nada.
-Está ahí. Permíteme
echarle un vistazo. (La besa)
-Me robaste un beso.
-Perdóname. No soy un
caballero.
ESCENA 4
-Los guisantes estaban
bien.
-Ayer fui a la luna.
-Ya veo, ¿y cómo es?
-Tranquilo.
-¿Conociste a alguien?
-La verdad es que no, era
domingo.
-¿Es por eso por lo que
volviste?
-Sí, y por otras
razones, también
ESCENA 5
-Renovarse un poco
estaría bien, hemos oído hablar del rock...
ESCENA 6
-Las entradas.
-¿Qué quieres decir?
-No has pagado.
-Pero yo organicé esto.
-Eso es lo que tú dices.
-¿Ah sí?
-Sí
-Que te follen
-¡Esto es ultrajante!
-¿A que sí?
ESCENA 7
Yo quisiera una cuenta
numerada, como las que hay en Suiza
-Ésta también tendrá
un número, pero de todas formas necesitas un nombre. Suiza es más
liberal, pero esto es Finlandia.
ESCENA 8
-Yo soy Ovaskainen.
(Se dan la mano)
-Lujanen
(Ovaskainen ladea la
cabeza indicando la puerta. Salen. Fuman)
Ovaskainen: ¿Nos
peleamos entonces?
Lujanen: ¿Por qué?
O: Amo a esa mujer.
L: Eso es bueno.
(…)
O: Supongo que eres un
buen hombre. Mejor de lo que tenía entendido.
L: Dejaré pasar eso.
Nota: Pueden ser otras
escenas o pueden ser otras películas. Me da igual. Hoy son éstas.
Hasta muy pronto.
Me dice google que hoy
hace 127 años que nació Niels Bohr. Pero resulta que soy de letras.
Estar cansado como para
escribir no quiere decir lo mismo que no querer escribir. Con esto lo
que quiero decir es que espero que me disculpéis por no haber puesto
cosas en una temporadita, más allá de una canción que me encanta y
que, pidiendo un final feliz, ella misma se negaba a sí misma
cortándose repentinamente antes de llegar al clímax. Cosas del
youtube y de los vídeos caseros movilianos, que muchas veces
no sabes si el que los pone estaba en sus cabales cuando decidió
colgar algo interruptus y dejarnos a los fans a medias. Cantus
interruptus debería ser una nueva categoría músico-sexual
Tengo que reconocer que no me di cuenta de que el vídeo estaba
incompleto hasta que ya estaba colgado, pero me hizo tanta gracia
pensar que una canción con ese título no estaba completa que decidí
dejarlo como está. Me descojono con este tipo de cosas, qué le voy
a hacer. Supongo que si lleváis leídas algunas entradas más de
este blog lo comprenderéis. Si no, no pasa nada, ya os lo digo yo:
esti chaval a veces parez que ta mal.
Lo cierto es que sí hay
temas de sobra para contar por esta vía, directa o indirectamente,
pero tengo algo menos de tiempo que en anteriores ediciones y noto el
cansancio que me impide escribir con tanta frecuencia como antes del
verano. La razón que da sentido a este blog sigue siendo la misma y
yo sigo comprometido con ella, pero se han dado una serie de cambios
objetivos que dificultan la escritura: el primero que el pincho a
través del que me conecto a internet es una putísima mierda y hace
que me cueste horrores ver con tranquilidad mis correos electrónicos,
así que no digamos ya otras cosas tipo vídeos de youtube o fotos
del putifesibuk o entrar en blogger. Por otra parte, he vuelto al
trabajo docente (no decente, que conste) y resulta que esta vez tengo
que compartir piso, lo cual hace que mis ratos de tranquilidad sean
cuantitativamente menores. Sí, necesito algo de tranquilidad para
poder escribir, y tener a gente con la que no tienes mucha confianza
pululando por casa es algo que a mí, particularmente, me dificulta.
Ahora escribo esto porque estoy solo, pero en un rato llegará alguno
de mis compas de piso y empezará una conversación seguramente
intranscendente que me retrasará en el muy noble propósito de poner
alguna cosa por aquí.
Que conste que me sigo
encontrando papelitos debajo de la puerta (sí, también en esta casa
de una calle con nombre de santo que no había oído en la vida.
También digo que ahora me gustaría estar en una calle que se llama
como mi cuarto apellido) y me siguen dejando servilletas con palabras
de amor para que las publique, pero por ahora no las compartiré
porque tal vez sea pasarse y no toque. Al fin y al cabo esto nació
como un blog de un interino errante y seguro que si alguien se
encuentra lo que pongo, como resultado de buscar información sobre
vacantes o sustituciones, flipa un poco. Oye, que flipen, que al fin
y al cabo también los interinos errantes podemos hablar de lo que
nos pete, carajo.
Venga anda, reconozco que
me hubiera gustado ser yo mismo quien hubiera escrito esas notas de
amor o esos cuentos que colgué en ocasiones anteriores. Reconozco
que los he copiado de Nigel Rickembacker. Sí, incluso todo el asunto
del amo del tiempo. Pero me consta que Nigel, como yo, tenía una
chica con moño a quien escribirle, y con eso basta. La suya se
llamaba Mary Blackstone-Helix; la mía no, pero casi mejor, no sea
que Nigel venga de ultratumba y me haga una corbata colombiana por
copiota.
También le he copiado
cosas a Luis Coto, pero esas se quedan entre él y yo, que sé que me
lee y me aprecia. A través de estas líneas quiero mandarle un
fuerte abrazo. Luis, iremos pronto a San Telmo, si nos dejan, y
buscaremos juntos los restos, si los hubiera, del señor Arnolfini,
que sé que dejó una nota para nosotros en alguna esquina de bar
roñoso. De Luis hablaré otro día, aunque tal vez os dé una pista
saber que era, y es, el hombre de las enfermedades raras, cuyo gusto
por repetir escenas de cine es casi equivalente a su desánimo y
tristeza por la falta de buenos musicales en el cine español. Qué
digo buenos, digo musicales en general, salvo mierdas tipo “El rey
león”, que son casi un atentado al buen gusto. Luis, perdóname la
indiscreción, ya saben quién eres. Tío, no es culpa mía, es que
soy un bocas.
Me gustaría poner muchas
cosas que no voy a poner. Habrá ocasiones, puesto que vuestro
humilde interino errante seguirá por aquí, observando, criticando y
queriendo. Seguro que veré canciones, oleré libros, oiré películas y soñaré
con desvirgar panderetas. Echaré de menos algún cuello y temblaré
al oír ciertas cosas. Buscaré bigotes en caras de imberbes y beberé
agua en copas de whisky. Visitaré museos desconocidos y tendré
siempre conmigo un llavero y un planeta. Contaré qué tal me va y
seguiré pidiendo sonrisas a quien las hace como nadie en el mundo.
Con Luis y con Nigel, con mis dos hermanos gemelos, con el interino y
con el errante. Faltaría más.
Últimamente no me
encuentro con mucho ánimo para escribir cosas mínimamente serias
así que, a pesar de que había prometido que la siguiente cosa que
pondría sería algo de humor, finalmente he optado por una entrada
culinaria, como aquella del pollo con pasta de hace unos meses. Lo
siento, pero ahora mismo, entre unas cosas y otras, no me salen
entradas de otro tipo, estoy un poco entre paréntesis esperando a
que me llamen y este interino errante no da para mucho más.
Así, aprovechando que
estamos en las fiestas de mi pueblo y que me está dando por no salir
de noche, esta mañana decidí hacer una tortilla de ésas que alguna
gente sabe que llevo meses prometiendo y que, durante mi estancia en
Ávila, nunca pude acabar de concretar por falta de utensilios. No es
que hoy haya tenido los utensilios necesarios, pero al menos las
sartenes de casa de mis progenitores no se pegan, hay más de una y
los cuchillos cortan algo decentemente. Sí, para hacer una tortilla
en condiciones hay que manchar, al menos, dos sartenes, cortar las
patatas un poco finas y disponer de una serie de ingredientes para
condimentar que pasaré a relatar más adelante.
Cabe decir que, hasta el
momento, siempre que he comentado la receta de mi tortilla las caras
de respuesta suelen expresar desconcierto o duda. Falta de confianza,
podríamos decir. Al parecer, a nadie le cabe en la cabeza que una
tortilla de patata pueda llevar tabasco o leche, pero lo cierto es
que luego nadie se queja. Pongo la receta y luego sigo:
-4 huevos
-3 ó 4 patatas medianas
-4/5/6/7/8 pizcas de sal
(dependerá de la tensión de los/las comensales)
-pimienta negra molida
(al gusto, pero que se note)
-ajo en polvo (al gusto,
pero que se note)
-un chorro de leche
-4 gotas de tabasco
Las patatas hay que
cortarlas muy finas. Cuando digo muy finas digo que prácticamente
hay que dejarse los dedos en el enfrentamiento perenne entre los
cuchillos que cortan bien y nuestras manos inexpertas. Se ponen a
freír una vez sazonadas con sal y pimienta negra, y mientras tanto
se baten los huevos, a los que luego echaremos el chorro de leche,
más sal, más pimienta negra, ajo en polvo y el tabasco. La leche es
para que luego la tortilla quede esponjosa y en cuanto al tabasco,
pues depende del gusto de cada cual por el picante, pero al menos un
par gotas (ni pa dios chorros, ¿eh?, que me la liáis) hay que
echarle. Luego hay que seguir el esquema básico de toda tortilla,
darle la vuelta como mejor se pueda y no tenerla mucho al fuego para
que quede un poco cruda por dentro, que es como mejor sabe.
El resultado, si las
sartenes no pegan y no la cagáis al darle la vuelta, puede ser algo
similar a esto.
Qué mantelín, qué platos tan de casa familiar
Si notáis unas pintillas negras por la superficie no
os alarméis, no es que os haya caído café en la tortilla sin daros
cuenta, es que la pimienta negra se deja notar, la muy zalamera. Lo
que haré en la próxima ocasión es echarle pimentón, a ver si
consigo la primera tortilla roja de la historia. Seguro que lo
comentaré por aquí si lo logro.
Estoy pensando que esa
tortilla roja sería posiblemente uno de los nuevos platos a añadir
a la carta del casi secreto restaurante Mercader. Hoy que las
carrilleras de eurocomunista hay que sacarlas del menú,
seguro que podemos meter alguna nueva invención. Eso sí, se
mantendrán los trotskistas afogaos, los revisionistas
cocidos a fuego lento en salsa perestroika, los rollitos de
primavera de Praga y los escalopines adobados sobre lecho de
patatas oportunistas. Como se puede ver, el restaurante Mercader
es muy ortodoxo en la elaboración pero admite a todo el mundo en su
carta. A la tortilla, como me cae bien y es invención mía, a
diferencia del resto la llamaremos tortilla Pasionaria, que
era buena paisana aunque sin guisantes. Los guisantes los dejamos
para cocido, en nuestro famoso gulag (perdón, goulash) de
arbeyu pintu. En Mercader nuestros manteles son de cuadros, como
en la Pizzería Los Hijosdeputa, de San Telmo.
Pero todo esto venía a
que estamos en fiestas de mi pueblo. Sí, bueno, aquí somos de los
que celebramos en septiembre, no en julio-agosto. ¿La razón? En
julio-agosto no hay ni el tato y saldrían unas fiestas un pelín
desteñidas, y no es plan para un pueblo tan de postín y tan de
señoritos. Lo más reseñable hasta ahora es que el lunes vino un
señor de un pueblo vecino a cantar y, a pesar de que dicen que hay
pique entre vecinos, llenó la plaza y dio un conciertazo, de lo cual
me alegro porque estuve allí y pude comprobar cómo se puede ser
intenso diciendo pocas cosas, pero diciéndolas bien. En honor al ajo
de la tortilla, creo que esto queda bien, aunque lo hayan grabado en
otro pueblo que hace poco también estuvo de fiestas y originalmente
esté pensada para otro pueblo más que hace no mucho también estuvo
en fiestas.
Me voy despidiendo,
espero que otro día pueda poner cosas más interesantes.
Seguro que, como en la
canción, hay muchos chavales que últimamente están pensando esto. Aceptemos que en lugar de "mamá" puedan decir también "papá" para ser políticamente correctos. Políticamente correctos nosotros, no los chavales.
Hoy he tenido bastantes pruebas al respecto, tanto por acción como
por omisión. Pa matalos. Otros, en cambio, esperamos ir al colegio
pronto. Tengo que confesar que llevo unas cuantas semanas esperando
ir a trabajar, fundamentalmente porque esto de no saber dónde carajo
vamos a estar el próximo curso (y si vamos a estar, siquiera) es una
situación muy jodida que no viene bien a la cabeza de nadie. Y si
encima tienes una cabeza tendente a darle vueltas a las cosas, pues
ya para qué quieres más. Me he pasado el verano, y quien haya leído
las entradas del blog lo sabe bien, escribiendo cosas que nada o muy
poco tenían que ver con la cuestión laboral, y ni siquiera me dio
por comentar nada sobre las listas provisionales de vacantes, ni
sobre las esperanzas de destino para este curso que ya empieza.
Estaba y estoy a otros temas que son tanto o más importantes que el
curro pero que, si los juntas con la cuestión de la ignorancia sobre
el futuro laboral y con la estancia obligada en el hogar familiar,
conforman un totum revolutum que flipas. Al menos yo sí flipo.
La realidad es que todo
el mundo anda nervioso estos días a la espera de saber algo más o
menos serio que permita adivinar si tendremos oportunidad de trabajar
algo, y lo cierto es que las conversaciones son un poco
monotemáticas, pero es lo que hay y no queda otra que armarse de
paciencia y esperar. Como supongo que todo el mundo, yo tengo mis
particulares deseos para este curso, pero no está en manos de este
interino errante determinar la ciudad y la compañía para los
próximos meses. Si pudiera elegir sería cualquier sitio siempre que
estuviera bien acompañado, pero no puedo elegir. Y me tengo que
joder, pero es lo que hemos asumido al meternos en este lío que es
dedicarnos a lo que nos gusta, y lo asumimos con dignidad, o al menos
lo intentamos.
Ahora que estoy de vuelta, espero que muy temporalmente en este caso concreto,
por esta ciudad con murallas, en medio de exámenes falsos y notas de
risa, tengo que reconocer que estoy contento de volver a la tierra
más allá de las montañas. Es donde quiero estar, por mucho que me
guste mi tierra, y las razones son variadas y todas ellas muy serias,
pero no es el momento quizás de desarrollarlas. Tal vez una de las
razones es que mañana (ya hoy, esta noche) podré ver esto en directo
Pero aparte, lo que tengo
claro es que necesitaba como el comer recuperar mi vida autónoma,
estar yo por mi cuenta y no tener que estar pendiente de familiares y
todas las implicaciones que tiene volver, obligatoriamente, a casa de
los progenitores. Lo jodido de esta vida de interino errante es que
el sitio de referencia, al que vuelves cuando se te acaban los
contratos, generalmente es por cojones la casa de tus padres (con
todas las variantes que ello pueda tener), sobre todo si estás en
cierto margen de edad como en el que se halla el que suscribe esto.
Me gustaría que no fuera así, pero por ahora no hay otro remedio
porque financieramente es lo más apañao. Y no estamos como para
hacer bromas con el tema económico-financiero (¿o sí? Si alguien
quiere, que lo ponga en los comentarios al final de esto). La movida
es ¿cómo carajo vamos a tener cierto grado de autonomía si resulta
que no sabemos jamás lo que nos va a pasar de un curso para otro?
Antes de que a los del gobierno (cualquier gobierno, ojo) les entrara
esta esquizofrenia que se manifiesta en joder a los empleados
públicos de todo pelaje y condición, se podían hacer ciertas
cábalas a principio del curso y más o menos podías saber si te iba
a ir mejor, pero ahora eso ya es imposible, y a casos sangrantes que
conozco me remito. Lo que más me temo es que esta situación
objetiva en la que están jodiendo no sólo al profesorado, sino al
sistema educativo público en general, cada uno la valoremos en
función de cómo nos vaya en la fiesta, y si suena la flauta y nos
llaman para trabajar y/o nos dan una vacante (verdadera o falsa) pues
nos demos con un canto en los dientes y no reflexionemos un poco más
allá sobre todo lo que está pasando. Esto no se soluciona pidiendo
volver a lo que había antes, porque lo que había antes (y pienso en
uno o dos años atrás), también era una puta mierda, aunque fuera
una puta mierda un poco menos maloliente que la de ahora. El que no
tenga esto más o menos asumido que no lea más y se vaya
directamente a llamarme catastrofista a los comentarios.
Deduzco, por tanto, que
quien lea este párrafo está conmigo en que lo que había antes no
era ideal, por mucho que nos diera la oportunidad de trabajar y
meternos en esta movida. Sí, empezamos a trabajar, a ver si
realmente esta profesión nos gustaba o no, si los chavales nos
superaban o podíamos controlarlos, si nos currábamos nuestras
clases y nos apasionaba lo que hacíamos. A mí ni el sueldo ni las
vacaciones han sido nunca lo que más me llamaba de esta movida, pero
no estoy dispuesto a ser cabeza de turco de unos gilipollas que lo
único que piensan es en que ciertas cifras macroeconómicas que, por
otra parte, nadie normal entiende, cuadren en no sé qué oficina de
Madrid, Bruselas o Berlín, llena de mamones que, como muchos de mi
queridos pedagogos, en su puta vida han estado en un instituto, en un
hospital o en un centro de salud de barrio, y luego se permiten el
lujo de dar lecciones sobre qué se debe y qué no se debe hacer. Yo
no me suelo meter a criticar el trabajo de otros, ni a opinar sobre
si echan muchas horas o pocas, fundamentalmente porque respeto
profundamente el trabajo de (casi) todo el mundo, sobre todo del que
hace algo productivo en términos sociales (fabricar un tornillo o
enseñar a un chaval a sumar, lo mismo me da), pero sí que me atrevo
a llamar hijoputa al que piensa únicamente en números y
estadísticas y no se da cuenta (o se da cuenta y no le importa) de
que detrás hay gente que se va a quedar jodida por el simple hecho
de que ellos consideran que hay que ahorrar. Puta manía la de
ahorrar que les ha entrado ahora a los gilipollas que gastan miles de
millones de todos en garantizar la supervivencia de unos bancos que
han logrado hacerse imprescindibles en una sociedad que se permite el
lujo de pensar que no todo el mundo tiene por qué acceder a la
atención sanitaria o a no morirse de frío. Que no hombre, que no,
eso se lo contáis a otro pero yo no me lo trago.
Como decía un amigo,
“esto sólo se arregla a tiros”, y tomando los problemas en
global y no desde mi situación particular. En global porque los
problemas no son sólo para un sector: el que piense que no le van a
recortar el sueldo porque no es funcionario va listo, y si no que
espere a la próxima negociación de su convenio colectivo cuando la
empresa se acoja a las posibilidades que le da la reforma que aprobó
el PSOE. Y a tiros porque cuando se hace evidente que estamos ante un
sistema que no funciona o, si funciona, lo hace jodiendo a la mayoría
y beneficiando a unos pocos, sólo queda acabar con él, y no
pacíficamente porque quien está arriba no se va a dejar tan
fácilmente apartar. Y digo quien está arriba de verdad, no los
peleles que ejecutan las decisiones escudándose tras la gaviota, la
rosa o los mamoncetes que quieren pillar cacho diciendo que esto se
puede arreglar por las buenas, negociando o diciéndole a la gente
que podemos volver a como estábamos hace 10 años. Y digo a tiros
de manera gráfica pero no necesariamente literal. O sí. Y aparte,
yo no quiero volver a hace 10 años, yo quiero ir a una situación,
donde ni yo ni nadie tengamos que preocuparnos por el paro, ni por
muchas otras cosas. Puedo imaginarlo, puedo pensarlo, y si puedo
imaginarlo y pensarlo es que es posible. Sólo hace falta querer y
ponerse a ello, pero en serio.
Y como regalo final para
quienes hayáis aguantado hasta aquí, esto, aunque quizás nadie sepa qué pinta en esta entrada. Yo sí :)
Siempre en el lugar adecuado en el momento adecuado, siempre sagaz y perspicaz, resolviendo los misterios más complejos que generalmente tenían que ver con dinero o con turbias carreras empresariales. En la mejor tradición de Agatha Christie y siempre genial, me encantaba cuando ponían la serie por la tele y me encanta aun más hoy cada vez que la veo en algún capítulo suelto que pillo por ahí. La Fletcher sabía interpretar la personalidad de las personas y, aunque algunas veces se equivocaba al principio, luego acababa siempre acertando y era para bien. En algún capítulo la vimos pasar miedo, pero era sólo un rato y al final todo acababa bien porque confiábamos en doña Jessica, sabíamos que siempre iba a estar ahí. Este interino errante sabe a ciencia cierta que será la Fletcher quien ayude a resolver qué pasó realmente con el señor Arnolfini, con el hombre de las enfermedades raras y dónde estuvieron perdidas las horas del Amo del Tiempo.
No deja de tener su
gracia que esté escribiendo esta entrada a altísimas horas de la
madrugada (o bajísimas horas de la mañana) tras haber estado de
boda y ¡haber dormido ya! Seguro que algunos otros no se habrán
echado ni a sobar y yo ya estoy en pie dando la tabarra. Cuatro
horitas de sueño, lo normal últimamente, y menos tiempo del que me
va a costar llegar a Ávila. Bien, será cuestión de acostumbrarse,
porque dormir poco y mal empieza ya a ser marca de la casa, y hacer
viajes largos en coche ya es marca de la casa desde hace muuuucho
tiempo, pero no niego que hoy precisamente le tengo cierto repelús a
la operación retorno.
Me cuesta elegir temática
para esta entrada, que podría ser muy variada, desde las señoras
con bótox a las que se les queda a todas la cara igual y la boquita
de pitminí y te miran raro, a los debates sin sentido sobre si el
gin tonic con Beefeater está muy visto, pasando por toda la cuestión
de las vacantes, los exámenes de septiembre o las ansiedades varias
vinculadas no sólo con el tema laboral, pero la cosa es que igual no
son horas para tocar ninguno de esos temas. En su lugar, prefiero
hacer dos reflexiones que no tienen nada que ver una con la otra:
1º)se hace rara una boda sin farlopa. 2º)he encontrado a un director
de cine que tiene la misma manía que yo.
Primera reflexión) Sí
señores y señoras, estoy en disposición de afirmar que en este
enlace en el que he estado no había nada en polvo que no fueran los
azucarillos del café. Estaba todo muy bien pensado, con baños
minúsculos para evitar que, como en El año de la garrapata,
alguien decidiera hacer la fiesta por su cuenta y pasar de
entremeses, pinchitos y canapés varios directamente al rodaballo de
Galicia, sin escalas. Y más si tenemos en cuenta que hicieron un
amago peligroso al principio, poniendo al pánfilo del David Guetta a
todo trapo, momento en el que pensé “maaadreeeeeeeeeeeeeeeeeeee”.
Pero claro, luego me fui dando cuenta de que el tal David Guetta es
el apóstol de los discotequeros “sanos”, que como ya tienen
hijos y están casados ahora si se meten algo es “por error” o
“porque me lo han puesto en la copa”... curiosa la elipsis entre
los 16 y los 36 años, parece que no hubiera pasado el tiempo en
absoluto... dios qué pereza me daaaaaaaaannnnnnnnnnnnnn
La verdad es que no sé
para qué voy a bodas. Y eso que voy librando bastante y ya voy a muy
poquitas, pero al final siempre salgo con la misma impresión de casi
todas, salvo que acabe muy borracho o pasao, en cuyo caso todo es de
puta madre, claro. Pero como esta vez no tenía yo ni el cuerpo ni la
mente en plan terminar como una pulga, pues se me ocurrió también
que quizás hoy fuese el momento ideal para hacer un comentario ácido
sobre el rito del matrimonio en la sociedad española, pero como es
posible que me lleve su tiempo casi prefiero decir los capítulos que
tocaré el día que lo quiera hacer con calma:
-el rito del matrimonio
en la sociedad española I: ¿la boda es nuestra o de nuestros
padres?
-el rito del matrimonio
en la sociedad española II: ¿quién coño ha elegido el menú?
-el rito del matrimonio
en la sociedad española III: ¿ese señor que habla es un cura o un
cómico de Albacete?
-el rito del matrimonio
en la sociedad española IV: hostia tú, que es el cura...
-el rito del matrimonio
en la sociedad española V: las comparaciones siempre son odiosas, el
vino de mi boda era mejor
-el rito del matrimonio
en la sociedad española VI: ¡basta de autorreferencias, ya sabemos
que no os conocisteis en la cola de paro!
-el rito del matrimonio
en la sociedad española (y VII): ¡fuera corbatas, hagamos el
ridículo!
Algún día esa entrada
se escribirá y entonces no me invitarán a más bodas por hijoputa.
Y yo igual hasta feliz como una perdiz, aunque pienso que Truman
Capote era bastante más hijoputa que yo y lo seguían invitando a
los saraos... Ya veremos.
Segunda reflexión) Como
volví pronto pude constatar nuevamente que la televisión los
sábados noche es una putísima mierda. Ello no obstante, llegué a
pillar la sesión de Todo Cine de La Sexta 3 justo antes de los
horroróscopos, gracias a lo cual descubrí que Christopher Nolan y
yo, aparte de tener cierta querencia por Batman, los insomnes y la
gente que tiene mala memoria, compartimos una manía más: las manos.
Yo no me había fijado, pero como a los de Todo Cine les pagan por
cosas como estas, pues ellos sí: el tipo presenta a cada personaje
haciendo un plano inicial de sus manos, generalmente ocupadas en
alguna tarea que caracteriza al personaje. Seguro que lo repiten, así
que quien quiera podrá verlo estos días, pero me llamó mucho la
atención y estoy casi seguro que Nolan y yo coincidiríamos en votar
a favor de darle un premio oscar a Cosa, la mano de la familia
Addams. Y fijo que también coincidiríamos en que mola mucho que
haya un premio de pelota llamado el “manomanista”.
Mi mano haciedo de Cosa, con éxito relativo
Sí, qué le voy a hacer
pero me fijo en las manos de la gente, en cómo las mueven, en cómo
gesticulan con ellas, en dónde las colocan cuando están nerviosos,
en si tienen los dedos que deben o más y cosas por el estilo. Cosas
mías, que dirían los Abuelos, pero cosas mías que ya no me puedo
quitar porque no tengo edad para disculparme por mis manías y porque
tampoco tengo edad, ni ganas, para que me gusten otras manos.